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BY Avianca

10 cosas que más extrañamos los salvadoreños de nuestro país


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No importa a cuántos kilómetros de distancia estemos, si tenemos unos meses, años o décadas fuera de nuestros mágicos 21.000 kilómetros de suelo salvadoreño hay cosas que jamás olvidaremos y cada día que pasa -o pasó mientras estuvimos en el extranjero- extrañamos más.

Como su nombre antiguo lo indica Cuzcatlán, que significa “tierra de cosas preciosas”, El Salvador está lleno de cosas, lugares, platos, tradiciones y costumbres preciosas. Por ello, en este artículo salvadoreños alrededor del mundo nos hemos puesto de acuerdo para recordar y vivir las 10 cosas que más extrañamos de nuestro país.

  1. Las pupusas.

No hace falta que llegue el segundo domingo de noviembre, día en que se celebra el Día Nacional de las Pupusas, para deleitar nuestro paladar. “Si hoy regresara a casa, seguramente mi familia me recibiría con una cena de pupusas y cervezas locales”, afirma sonriente Luis Alvarenga, salvadoreño en Venezuela.

Las pupusas son tortillas de masa de maíz con chicharrón molido. “En mi casa también las hacen de frijoles, queso o revueltas (chicharrón con frijoles y queso)”, confiesa Alvarenga.

  1. Elevar las piscuchas al ritmo de los vientos de Octubre.

La salvadoreña Ana Melara, de 35 años, conoce las cometas que vuelan en México, pues ha vivido allí por dos años, pero nada la llena más de nostalgia que recordar aquellos vientos de Octubre de su infancia, en la que junto a otros niños salvadoreños elevaba sus piscuchas en la montaña más cercana como símbolo de la finalización del año escolar. “De bolsas plásticas, papel, muchos colores, madera y diferentes decoraciones”, así las recuerda la economista salvadoreña.

  1. El queso salvadoreño.

Ese queso tradicional, “el duro-blando, que no es ni duro ni blando ni salado ni simple”, que acompaña cualquier comida, especialmente el compañero ideal para una tarde de domingo familiar con pupusas y Kolashampan (gaseosa típica de El Salvador).

Así es el queso salvadoreño. El que por más que busquemos, no encontraremos en otro lugar, el que no comemos desde que se nos acabó la reserva que trajimos en nuestra maleta de viaje.

  1. Bailar en las fiestas patronales.

“Somos muy malos bailarines”, admite Ana. Sin embargo, no hay ninguno de nosotros que se resista a echar un pie durante alguna de las fiestas populares, generalmente de cultura indígena, que nos caracterizan durante el año.

El baile de Los Cumpas, Los Chapetones o el “baile de los educados”, Las Cortadoras o El Carbonero son algunos de los bailes más populares que recordamos, y que no pueden faltar en la celebración de nuestras fiestas patronales.

  1. Tener absolutamente todo a la vuelta de la esquina.

“Podés desayunar
en la playa, almorzar en la montaña y cenar en la ciudad”, así recuerda la facilidad de desplazarse en nuestro país Ana Melara. Tener a la mamá, el papá, la abuela, el tío y el batallón de primos cerca es un lujo del que solo un salvadoreño goza.

“Todo lo tenés cerca”, asegura la residente del país más pequeño de Centroamérica, quien además señala que podés recorrer todo El Salvador en un solo día. Desde las montañas de Ahuachapán pasar a San Salvador y llegar a las playas en San Miguel. Sin duda, algo que no podemos dejar de extrañar cuando nos enfrentamos a la congestión vehicular común de casi cualquier otro país del mundo en el que nos encontremos.

  1. El verde de los paisajes todo el año.

Nuestras ciudades son entre montañas y volcanes y nuestro clima es un verano eterno. Todo salvadoreño sabe que la diferencia entre verano e invierno es que llueve por las noches y algunos temporales, pero el clima cálido y el paisaje verde se mantienen todo el año. “Pa’ dónde voltees a ver es verde con una gran variedad de frutas durante el año: mango verde, jocotes, anonas, nances, marañón.”, enumera Melara mientras se ríe.

“Somos gente caliente, gente de playa”, prosigue. El calor es típico de este lugar. Por lo que se dice que “los salvadoreños que se van a ir al infierno no sentirán tanto la diferencia del clima”. No solo los propios salvadoreños extrañamos nuestras temperaturas, también nuestros visitantes.

Por ejemplo, los sobrinos de Ana (hijos de salvadoreños), quienes viven en la ciudad de Bogotá (Colombia) cuando visitan El Salvador aseguran que lo que más les gusta de nuestra ciudad es que “pueden usar manguitas cortas” a diferencia de sus suéteres y bufandas de todo el año en Bogotá.

  1. Las escapadas casuales a la playa.

Es muy difícil encontrar a un salvadoreño que no extrañe las escapadas de una tarde libre o un fin de semana a uno de los lugares más atractivos de nuestro país: la playa.

Es que en El Salvador encontrás más de 300 kilómetros de playas tropicales de arena gris oscuro y una enorme variedad de platillos para deleitar el paladar, como por ejemplo: una deliciosa mariscada salvadoreña. De occidente a oriente, tenés más de 45 playas, entre ellas dos de las mejores playas del mundo para practicar el surf: El Sunzal y Playa La Paz.

¿Cómo no lo vamos a extrañar? Si a escasos 30 minutos ya tenemos vista al mar y si nos disponemos a cruzar toda la costa, lo podemos hacer en unas 5 o 6 horas sobre la carretera del litoral, la cual conecta con todas las cálidas playas salvadoreñas.

  1. La flor de izote.

“Mi abuela se pone como niña chiquita cuando le conseguimos flor de izote aquí (Venezuela)”, comenta Luis Alvarenga, el periodista salvadoreño que vive desde hace más de 20 años con parte de su familia en Caracas. Aunque asegura que la flor de izote no está entre sus opciones salvadoreñas favoritas, una gran mayoría de sus compatriotas en el mundo la anhelaría como a “joya perdida”.

La flor de izote es la flor nacional de El Salvador y forma parte de muchos platos típicos de este mágico lugar. Generalmente se come guisada y se caracteriza por un sabor algo amargo.

  1. Nuestra gente.

Los valores de nuestra gente, su solidaridad, su esfuerzo y disposición para el trabajo, su calidez y familiaridad es algo que no podemos dejar de añorar, pese a la amabilidad con la que nos reciben nuestros vecinos en otros países.

¿Cómo no extrañar el optimismo salvadoreño que todo lo ve “Chivo”, o la emoción y alegría con las que nos reciben en sus casas nuestros
queridos “cheros”? Imposible.

  1. Los antojitos salvadoreños.

Además de las pupusas que las podemos comer en cualquier momento del día, los salvadoreños tenemos una variedad de antojitos a los que podemos echar mano cualquier tarde y nos es imposible resistirnos.

Pastelitos, enchiladas, yuca frita o salcochada con chicharrón, unos maravillosos relámpagos, quesadilla, horchata, la pepesca o una rica sopa de gallina, por supuesto acompañada con tortillas de maíz, son algunos de los antojos más deseados por los salvadoreños en el exterior.

Mañana, pasado o el próximo año, no sabemos cuándo nos volveremos a reencontrar con nuestro país y nuestra gente, pero lo que sí es seguro es que
esta lista estará entre las 10 primeras cosas que haremos o disfrutaremos cuando estemos #JuntosOtraVez.

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